9 de agosto de 2015

El Fandi, por la Puerta Grande, y Padilla mereció más



Redacción Claver&Egler LSM/Jose Luís Montes Letrán

El diestro David Fandila "El Fandi" cortó dos orejas y salió a hombros en El Puerto de Santa María. Padilla cortó una en el segundo, habiéndose merecido la segunda. Paquirri, desparecido. Una interesante corrida de Salvador Domecq.

El primero de Padilla fue un toro con casta. Tenía el animal interés para el aficionado. Padilla estuvo muy valiente con él. Destacaron las series por el pitón izquierdo en las que el toro protestaba en todo momento, pero en las que pudo más la destreza del torero jerezano para lograr lucirlo. Con la diestra anduvo más templado y valiente. Digno Padilla con un toro que le planteó los problemas propios que conlleva la casta.

Segundo de Padilla. Señorío en el capote y humillo de recibimiento. Ya en el centro del ruedo, tres faroles dejan al toro buscando el capote que luego le enseña, con la maestría que destila en cada pase. Las banderillas, en su línea, recreándose.

Humillo también para empezar con la muleta. El cante de una aficionada, los ‘olés’ de los portuenses, el pasodoble y la tauromaquia de Padilla, envuelven la plaza de arte. Un faena de muleta en la que hombre y animal se entienden a la perfección. Las ovaciones despiertan y sueñan con la magia de Padilla, que pese a firmar una faena perfecta entrando a matar, no se llevó las dos orejas que reclamó todo el aforo, con gritos de "fuera" al palco de autoridades desaprobando el escaso premio. "Otra" y "torero" le dedicaba la Plaza mientras daba la vuelta al ruedo al compás de las palmas por bulería. El maestro quedó descontento, con razón.

El primero de Paquirri fue un toro noble, castaño, que respondió en todo momento a su llamada. El diestro se lo llevó a los medios para la muleta, creando una expectación que se esfumó. Más que hacer Paquirri bueno al toro, fue el toro el que hizo bueno a Paquirri. Falló con los aceros.
Con su segundo, el quinto de la nocturna, no sólo se durmió el toro, sino la plaza entera. Firmó Paquirri la peor faena de la noche. Muy tímido en el capote, un tercio de banderillas con lo puesto (para salir del paso) y un toreo de muleta pesado. Los tímidos aplausos en el tendido se transformaron en abucheos al degollar al toro al entrar a matar.

Faena magistral de capote con el primero de El Fandi. Se humilló con tres pases para el recibimiento y encaró, con frescura y elegancia, el morlaco al picador, que no se ensañó. El tercio de banderillas fue un derroche, quiebra al toro para la primera, lo llama de un salto en la segunda y pone la plaza en pie desde el burladero en la tercera y última. Dejó volar la muleta y la imaginación del Puerto. Supo que la plaza era suya, y lo demostró con una frescura en cada verónica que rozó lo imposible. No fue toreo. Fue arte. Con el acero, una media y un descabello limpio otorga al diestro una oreja de las dos que pudo haberse llevado.

Con el sexto de la noche, un castaño claro, volvió el toreo y la esencia con el capote de Fandi para su segundo. Las navarras, las medias lunas y los volantes devuelven la emoción al público que le pide que le alegren la noche que se había dormido. Las cuatro banderillas desataron el frenesí del público, sobre todo dos de ellas a la moviola, en las que detuvo el trote del morlaco para mirarlo a los ojos. Levantó la plaza en cada muletazo, los "olés" lo acompasaron mientras el maestro hacía lo propio con la muleta. Dominó la faena de pitón a rabo. Supo dónde y cómo torear, sacar la casta que llevaba dentro y culminar su mejor faena de la noche al entrar a matar. Oreja y Puerta Grande merecidas.