12 de agosto de 2014

Cangrejeros de moda

Elcorreoweb.es

Sus recuerdos de infancia lo sitúan en los veranos de Punta Umbría buscando cangrejos con sus tres hermanos. Travesuras y diversión de pequeños. Si Lacoste llevó su cocodrilo a la ropa, por qué Juan Antonio Romero no iba a hacer lo propio con un crustáceo sin duda más divertido que tan afamado reptil. Licenciado en Empresariales y tras «varios tropiezos» en la banca por los cierres de oficinas aparejados a la amplísima reestructuración financiera española, un máster por ESIC le dio el empuje definitivo para plantearle a la familia: eh, estoy en el paro, tengo esta idea para una empresa, apóyenme. Y la familia estuvo ahí, como durante la niñez también lo estuvo en las rocas de la playa.

Esa idea no era otra que la moda. «Me gusta vestir bien. Nos gusta vestir bien», dice por él y por sus tres hermanos, todos socios de Crabe, que es a la vez empresa y marca bordada. Primero lo fue en camisas. «Existía un nicho de mercado entre quienes querían exclusividad y no ver constantemente las mismas marcas y las mismas prendas repetidas», relata.

El emprendedor sevillano, cuyos hermanos tienen metida en vena la faceta comercial –son vendedores natos–, planteó: exclusividad (máximo de unidades por camisa) y rotación (la renovación continua y no ceñirse a las dos clásicas temporadas de la moda, las de primavera-verano y otoño-invierno). «Nada de chinos, todo fabricado aquí, en España, y con telas de aquí. Y nada de poliéster, todo algodón o lino».

Y el boca a boca. La capacidad comercial de los hermanos hizo el resto: fueron los principales embajadores de su propia firma de moda. «Ahí está Sergio (uno de ellos), que te vende un coche Toyota con la misma facilidad que una camisa», bromea. Después llegaron las camisetas, las corbatas, los gemelos, los cinturones, las cintas de neopreno para gafas y, por último, los jerseys. «Todo para hombres». En cartera, el reto de las americanas y el incremento de la producción de jerseys.

La ropa de Crabe (crab, cangrejo en inglés) se dirige a un público con poder adquisitivo medio-alto pero que no está dispuesto a pagar los elevados precios de las marcas más reputadas, y sí a abonar por un plus de exclusividad en la moda. «Se trata de ropa y de complementos para cualquier tipo de edad y talla. Destaca, asimismo, la variedad en los colores. Moda colorida pero no extravagante», aclara.

Y eternamente agradecido. «Este proyecto no podría haber salido adelante sin la ayuda de amigos y familia que, sin dudarlo, han estado y están apoyando a la marca desde el principio. Una ayuda que ofrecieron sus novias y esposas, y amigos que echaron una mano en la web y en la gestión y organización del negocio». Tal respaldo de los hermanos fue fundamental en los comienzos, cuando arrancar exigía financiación, dinero. De esto hace año y medio.

El canal fundamental es internet: la página web que tiene por nombre el de la marca y el compromiso de servir los pedidos en 24 horas. Crabe se instaló en La Libélula Shop, un multiespacio de venta de moda, arte y decoración y de exposiciones en el centro de Sevilla, pero después optó por los denominados córners (rincones o apartados en otras tiendas). Dos de ellos ya ha abierto en playas andaluzas por el tirón veraniego de las prendas de lino –uno en Sancti Petri, en Chiclana, el otro en El Puerto de Santa María– y en puertas están otros dos en la capital hispalense y un quinto en Madrid, con la posibilidad también de abarcar el área cantábrica.

Los mercados principales: Sevilla, Cádiz, Huelva y Madrid. «En este negocio, es vital hacerte una marca. No puedo negar que, en Andalucía, además del boca a boca, el famoseo funciona, más que en otras zonas», relata este emprendedor de 33 años que, sin embargo, no quita mérito a quienes se dedican a la ropa barata: «Ésta tiene su público y nosotros, el nuestro. Un público que si pide que le personalicemos los complementos, nosotros se lo hacemos».

Las cosas de la economía hicieron que Juan Antonio Romero encontrara trabajo por cuenta ajena en fechas recientes en un concesionario, precisamente coincidiendo con el repunte de la venta de coches en España. No lo rechazó, pues al fin y al cabo son ingresos seguros. Pero esto no implica dejar de lado el negocio «Al contrario: el proyecto es seguir creciendo». Porque Crabe ata a los cuatro hermanos como otrora lo hiciera un crustáceo de duro caparazón que, a pesar de sus andares y obstáculos –la crisis, el paro–, avanza.