17 de mayo de 2014

La Virgen de Rocamador

Jaime Sánchez García
Informador Cofrade

Quizás no sea la advocación con más devoción en nuestra ciudad, pero si podemos señalar que si es una de las más antiguas. Las primeras noticias de la advocación de Rocamador datan de la reconquista de la ciudad de Sevilla encabezada por Fernando III, donde varios caballeros franceses que acompañaban al monarca propagaron esta antigua devoción.

Esta advocación procede de la leyenda de San Amador y la Virgen María, ya que este piadoso santo fue criado de la Virgen María en su ancianidad, hasta que la Virgen murió y ascendió a los cielos.

Pasados varios siglos, los caballeros cruzados de San Luis de Francia rescataron los restos de San Amador para que no fueran profanados y levantaron en Francia un Santuario para depositar sus restos. El mismo se edificó sobre una roca y se le puso la advocación de Notre-Dame de Rocamadour, naciendo de ahí esta bonita y antiquísima advocación que se venera en la céntrica Parroquia de San Lorenzo.

Tras la reconquista y como acción de gracias, Alfonso X el Sabio concedió a los caballeros franceses edificar un hospital, colocándose en la capilla del mismo, una gran pintura bizantina de la Virgen de Rocamador. Mencionada obra pictórica que se conserva en la actualidad, representa a la Virgen María ataviada con riquísimos vestidos inspirados en los ropajes de ceremonia palatina de las emperatrices de Bizancio. El niño que se encuentra en brazos de su madre, ataviado con ricos ropajes, mira a su madre con amor fraternal.

La capilla de este hospital se remodeló en 1609, añadiéndoles pinturas murales, cerámicas procedentes de Triana. Los arcos y la bóveda que remata la misma, son atribuidas a Gregorio de Espinal y a Domingo Martínez, maestros de gran renombre del s. XVII. Estas obras se realizaron tras la anexión de la capilla del hospital a la Parroquia de San Lorenzo con motivo de la reducción de hospitales que tuvo lugar a finales del s. XVI.


En 2012, la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo y la Real Maestranza de Caballería de Sevilla sufragaron los gastos de la restauración de esta capilla, siendo el equipo de restauradores compuesto por Juan Abad Gutiérrez, profesor titular de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla; Ana Álvarez Moguer y María José Sánchez Barrera, licenciadas en Bellas Artes y especialistas en restauración; los encargados de devolverle el esplendor de siglos pasados a la bella pintura de la Virgen y a su capilla.

Esta ardua tarea comenzó con la eliminación de problemas de problemas de humedad, capilaridad y filtraciones que sufría el recinto, que habían afectado a los paños de azulejos, los cuales habían retenido la humedad desde su colocación a comienzos del s. XVII. Mencionada retención de humedad afloraron por encima de estos paños de cerámica provocando erosión y deterioro en las pinturas murales de la capilla.

La prioridad en esta intervención fue la restauración a fondo del cuadro de la Virgen de Rocamador, el cual data del s. XIV. La cual presentaba superposiciones, repintes, enlucidos y retoques, que aunque eliminados tras su restauración no han dejado a la imagen como su primitiva concepción.