17 de mayo de 2014

El oeste de Cantabria

Francisco López Arteaga
Arquitecto Técnico
Perito Forense
Perito Tasador Judicial

Os cuento mi última escapada al pueblo que habita en las peñas, en esta ocasión pasamos una sola noche y no veas como cundió. Llegamos al aeropuerto de Santander a eso de las 12 de la mañana de un sábado, alquilamos un coche e iniciamos una ruta desde Santander hasta San Vicente de la Barquera.

La primera parada obligada es la playa de la Arnía, agua celeste turquesa de la que nacen unos imponentes farallones que constituían estratos calizos sedimentados en el fondo del mar hace 90 millones de años, levantados casi hasta la vertical por el empuje del continente contra la placa tectónica del Cantábrico, que penetra bajo el litoral: una pasada. Después de quedarnos con la boca abierta con el paisaje, decidimos tomarnos un piscolabis en el restaurante “el Cazurro” que está situado en el aparcamiento de la misma playa, en esta casa hay unas vistas increíbles, pero aún más increíbles son las rabas y los mejillones que se sirven.

Después de parar en varias playas muy bonitas, llegamos a Comillas, en este pueblo hay muchísimo que ver y a todo no nos daba tiempo. Decidimos almorzar en la Taberna Trescaños, donde se come requetebién, puedes degustar la más tradicional gastronomía cántabra, pedimos “algo ligerito”, yo cocido montañés y mi novia fabes con almejas…acertamos de pleno. A toda prisa fuimos a visitar el Capricho de Gaudí, obra que estaba loco por ver, esta residencia de verano se construyó en 1883 por encargo de Máximo Díaz de Quijano, concuñado del Marque de Comillas, la importancia del Capricho (y de la Casa Vicens) es que son los primeros edificios de Gaudí, música, poesía, pintura se entremezclan en un edificio único donde los elementos hispano árabes sorprenden en cada esquina. Después de pasear por las bonitas plazas y callejuelas, ver el Palacio de Sobrellano y la Capilla Panteon de los Marqueses de Comillas decidimos visitar San Vicente de la Barquera e ir a descansar un poco.

Habíamos pensado pasar la noche en un pueblo cercano a todo (costa, aeropuerto, Santander…) y de paso que fuera en el pueblo que dicen que es el más bello de España: Santillana del Mar, no he estado en todos los pueblos de España para afirmarlo, pero si puedo decir que es un sitio mágico, tan mágico como para decirle a tu novia que quieres pasar el resto de tu vida con ella y pedirle que se case contigo como yo hice.



Si vas a Santillana tienes que cenar en el Pasaje de los Nobles, restaurante muy bonito con paredes de piedra y vigas de madera, en el que mientras te comes un fantástico menú que no tiene nada que ver con lo que yo tenía entendió por menú del día, se escuchan canciones de Nina Simone, Peggy Lee, Edith Piaf…