17 de mayo de 2014

El Fútbol y su Mundial...

Alberto Martín
Periodista Deportivo
@martinalberto07

En pleno cierre del campeonato liguero, la sed de fútbol no se calma, es más, podría decirse que se agudiza por la llegada del evento futbolístico más esperado del año, el mundial.

Más allá de las opciones que pueda tener cada selección de alzar el ansiado trofeo dorado, este evento de orden universal se ha convertido en toda un a guerra de intereses publicitarios, luchas de marcas, en incluso, conflictos entre países.

Nadie se olvida de aquella final entre Francia y Brasil en el mismo Arco del Triunfo parisino, que terminó proclamando campeones a los propios galos. Se dice, y sin ninguna ausencia del más razonable criterio, que en el mundial celebrado en Francia en 1998, una conocida marca deportiva “obligó” a jugar a la entonces estrella carioca, Ronaldo Nazario. El fútbol, que nació plebeyo y pertenecía a la clase obrera, era una fiesta que los pueblos se daban a sí mismos hasta que el negocio se apoderó de él y lo convirtió en un gigantesco objeto de consumo. Sin embargo, y a pesar de las diferentes disputas que puedan producirse, la pasión contenida en cuatro años y la ilusión renovada tras el campeonato anterior destapan la verdadera esencia del mundial, el fútbol en estado puro. Y es esto, precisamente, lo que hace que este deporte reine en todo el orden universal conocido.

El fútbol permite sacar a relucir la faceta lúdica del ser humano.Esa faceta que permite al niño empezar a construir su mundo simbólico y que no debemos perder nunca. La faceta lúdica permite una gratificación individual o de grupo desinteresada. Pero también desarrolla necesidades de defensa individual y de especie. El juego es el principal elemento constructor de los esquemas de socialización y de respeto de reglas. Y el juego físico, el deporte, en el que se emplea el cuerpo en sus mejores expresiones, no sólo físicas sino también pasionales debería contribuir a la estatización de la vida cotidiana.


Sea cual sea tu país de origen, el fútbol ha sido y seguirá siendo un frenesí que trasciende fronteras. Este evento es mucho más que 22 hombres pateando un balón, es una fiesta cultural que desata emociones extremas y hasta locas. Hay quienes cruzan océanos, dejan sus trabajos y venden sus propiedades para poder ver un solo partido del Mundial. De hecho, una encuesta publicada por la agencia de noticias Reuters declaró que 51 por ciento de las personas estarían dispuestas a dejar de comer con tal de ver a su país ganar la Copa, y un 4 por ciento donaría una parte de su cuerpo. Se trata, en definitiva, sacar a relucir los mejores ingredientes que permiten cocinar el mejor menú futbolístico posible, el mundial y todo aquello que este grandísimo evento genera en los sentimientos de cada individuo que se siente atraído por él. Moviendo a miles de personas, bien a su televisor más cercano o bien viajando de continente a continente apara apoyar a su equipo en el mismo feudo de la batalla. Un apoyo, que aunque sea infinitamente superior al de tu contrario no te garantiza la victoria. De hecho, el partido al que más espectadores han asistido es el que enfrentó a Brasil y Uruguay en Maracaná el 16 de julio de 1950. Se estima que 205.000 personas vieron la final en directo, aunque sólo 199.854 fueron oficialmente registradas y 173.830 pagaron su entrada, la mayoría brasileños que vieron como su selección nacional caía derrotada.

Quién se sabe si este año se repetirá la historia pero con otra selección con la misma lengua, la española. Y es que “La Roja”, la actual campeona, y no por serlo, nos renueva de nuevo la ilusión por conseguir algo importante, por diferenciarnos del resto del mundo y hacernos sentir duramente un instante, únicos, triunfadores del mundo que anhelan tiempos de gloria pasados.